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El racismo en el diseño y en nuestra conciencia colectiva

“Nuestros objetivos con el proyecto eran fundamentalmente dos: sumarnos a la conversación generando debate y reflexión, y demostrar que a través del diseño se puede cambiar y modelar la sociedad hacia futuros más inclusivos.”

REDISEÑANDO MARCAS RACISTAS

Cuando publicamos el proyecto de rediseño de marcas racistas en nuestra cuenta de Instagram no esperábamos la repercusión que ha tenido. Han pasado ya más de dos semanas y el post ha llegado a más de 100.000 personas, se ha compartido casi 12.000 veces y tiene más de 13.500 likes y casi 1.000 comentarios. Y otro tanto en Twitter, donde el proyecto tuvo más de 2.000 RT y casi 4.000 likes, llegando a más de 300.000 personas. Sobre todo nos hace especial ilusión que activistas y colectivos como Lucía Mbomío, Afrofeminas, Desireé Bela o Iris Sastre nos hayan mostrado su apoyo y hayan compartido el proyecto en sus propias redes.

Queremos darles las gracias a ellas y a todos los que nos mostraron su apoyo a través de los comentarios, por mensajes directos o de forma privada.

Pero además de alegrarnos y hacernos sentir bastante orgullosos de nuestro trabajo, esto nos demuestra por un lado que hay una necesidad real de romper con el pasado racista y colonialista que aún impera en nuestro imaginario colectivo y por otro que este imaginario es aún tan fuerte y opone tanta resistencia al cambio que muchos de los comentarios del post eran de personas defendiendo a la marca y no viendo racismo en los diseños.

EL PROBLEMA

Y este es precisamente el problema, que la gran mayoría de personas que nos escribían llamándonos exagerados lo hacían de forma sincera. Ellos no ven el racismo en los Conguitos porque ni se han parado a pensar en el origen del nombre de marca. Ni ven la caricatura que representa su mascota para una persona negra. Ni tampoco son conscientes del contexto colonial y de esclavitud en el que las personas negras trabajaban en las plantaciones de cacao o de caña de azúcar. Creemos que el mayor problema del grueso de gente con la que tuvimos que interactuar durante las dos semanas que se viralizó el proyecto es el desconocimiento.

Y es más peligroso aún si al señalarlo en nuestras respuestas a sus comentarios la respuesta es una falacia, cuando no un insulto directamente. Entre las más repetidas están que “hay cosas más importantes”, que “las cosas han sido así toda la vida” y que aunque sean racistas el “cambiarlo supondría un gran esfuerzo a la marca” y que por lo tanto mejor que se quede como está. Aún así, el proyecto tampoco ha estado exento de críticas constructivas como por ejemplo que la mujer de La Cañera tiene un cuerpo demasiado normativo, críticas que incorporamos a nuestra práctica y que esperamos que nos hagan mejorar en el futuro.

“Entre las más repetidas están que “hay cosas más importantes”, que “las cosas han sido así toda la vida” y que aunque sean racistas el “cambiarlo supondría un gran esfuerzo a la marca” y que por lo tanto mejor que se quede como está.”

Pero en este artículo queremos dar respuesta (por última vez, porque llevamos haciéndolo de forma individual en los comentarios del post desde que lo publicamos) a estas personas que no ven racismo en las marcas y explicar por qué, a nuestro parecer, sus argumentos no son válidos ni tienen cabida en un mundo como el que intentamos proyectar desde el estudio.

Aunque antes, nos parece de justicia remarcar el hecho significativo de que la inmensa mayoría de personas que nos increpaban e insultaban por el proyecto eran hombres blancos heterosexuales, mientras que una gran parte de las personas que recibían el proyecto con entusiasmo y aprobación (y también las que nos hicieron las mejores críticas y aportaron al debate) eran mujeres.

“Si a ellos les parece importante, tienes derecho a ofenderte porque haya niños muriéndose de hambre en África, pero sin embargo no tienes derecho a hacerlo por un logo, porque a ellos les parece una tontería. Esto es exactamente lo que entendemos como privilegio.”

"HAY COSAS MÁS IMPORTANTES"

El manido argumento de que como hay asuntos más importantes, el resto deberían esperar “su turno”. Por un lado ¿quién decide qué es más o menos importante en la agenda del movimiento antirracista? Entendemos que o nadie, o el colectivo en su totalidad. Pero en ningún caso las personas blancas que nos dejaban esta clase de comentarios. Porque ellos no ven legítimo que una persona negra se ofenda por cosas por las que ellos no se ofenderían. Si a ellos les parece importante, tienes derecho a ofenderte porque haya niños muriéndose de hambre en África, pero sin embargo no tienes derecho a hacerlo por un logo, porque a ellos les parece una tontería. Esto es exactamente lo que entendemos como privilegio.

Que una persona blanca no considere esto como importante no es determinante ni debería afectar la agenda del movimiento antirracista. Porque esa postura parte de una experiencia vital que las personas blancas no han podido vivir nunca, y por lo tanto intentar imponer tu criterio en base a tu experiencia personal borra e invisibiliza las experiencias de los demás, en este caso de las personas negras. Es decir, es racista. 

Por no hablar de que desde el diseño no podemos solucionar el hambre en el mundo ni obligar a otras empresas privadas a donar dinero o contratar más personas negras en plantilla. Además de que sí, pequeños cambios que son fáciles de conseguir a veces van por delante de cambios más grandes y metas más ambiciosas, y de hecho creemos que ayudan a concienciar y suman a la lucha en su conjunto.

"SIEMPRE HA SIDO ASÍ Y NUNCA HA PASADO NADA"

Este argumento también es muy antiguo y lo hemos visto en todas partes, para defender desde el machismo a la tauromaquia. No creemos que apelar a la tradición sea un argumento válido ni en este caso ni en ningún otro. La tradición está muy bien y hay que respetarla siempre que vaya en consonancia con los valores que se demandan desde la sociedad y con los derechos humanos. Si no es así, la tradición es un anacronismo y defenderla a pesar de ello una postura reaccionaria.

Es bastante significativa una conversación que mantuvimos con Roberto, un usuario de Twitter que tras quejarse de que era demasiado mayor para entender ciertas cosas, nos decía que cómo es que ahora esto era racista cuando hace treinta años no lo era. “Conguitos de toda la vida”. Tal y como le dijimos por Twitter, el problema no es que ahora sea racista cuando antes no. El problema es que siempre ha sido racista y es ahora cuando la sociedad empieza a verlo como tal: vamos, lo normal. Lo contrario sería ir en contra del progreso de la sociedad, y si así fuese la esclavitud aún sería legal, las mujeres no podrían votar y las personas LGTBI seguirían siendo consideradas enfermas.

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"¡¿ES QUE NADIE PIENSA EN LAS EMPRESAS?!"

Por último, el tercero de los “argumentos” centrales de los defensores de estas marcas es precisamente ese. El defender a las marcas (empresas) por encima de las personas. Quienes argumentan que para una empresa supone un gasto tremendo o una pérdida de valor de marca el hacer un rebranding lo que están haciendo es poner los intereses del capital y de una entidad abstracta como es una marca por encima de los derechos de las personas.

Quizá este argumento sea el peor de los tres, porque aunque los otros dos se siguen usando aún a diario y para todo, este es quizá el que se percibe como más moderno y “abierto” cuando es precisamente todo lo contrario. Personas que reconocen que el diseño es ciertamente racista pero aún así se ponen del lado de las empresas antes que del de las personas. O sea, se reconocen a sí mismos como racistas porque el fin justifica los medios. No tenemos intención de abrir un debate sobre si el fin justifica o no los medios de nada, pero nos parece que cuando en la balanza está de un lado el capitalismo y del otro las personas, la decisión está clara. 

A esto se suma una ceguera total en no ver hacia dónde se mueve la sociedad hoy en día. El coste de un rebranding en empresas tan importantes no es más grande que el precio a pagar por ir en contra de los tiempos. Y esto lo vemos todos los días cuando empresas que antes no mostraban interés alguno por el feminismo o los colectivos LGTBI ahora pintan de arcoíris sus logos durante el orgullo o hacen camisetas con mensajes feministas.

PARA CERRAR

Como conclusiones nos gustaría destacar que aún queda mucho trabajo por hacer y que si algo “tan poco importante” como rediseñar tres marcas resulta tan polémico, quizá es que no es “tan poco importante”. Nuestros objetivos con el proyecto eran fundamentalmente dos: sumarnos a la conversación generando debate y reflexión, y demostrar que a través del diseño se puede cambiar y modelar la sociedad hacia futuros más inclusivos. La ética es estética, pero sobre todo, la estética es ética. Y diseño es político, y como tal debemos ejercerlo.